Hace poco escribía sobre John Lennon y la paulatina metamorfosis que éste fue sufriendo a medida que The Beatles fue resquebrajándose como formación grupal. Como intentaba explicar por aquel entonces, aunque yo pudiera escribir miles de palabras, siempre sería mejor sentarse cuatro minutos a escuchar al mismo John cantando God -sobre todo la parte del final-. Creo que si uno conoce bien la historia del grupo, y se ha documentado mínimamente, sabrá a lo que se refirió/refiere/referirá Lennon.
Cuando leo por Internet acerca del Gran Tema (ese que versa sobre las descargas, la propiedad intelectual, los abogados, ejecutivos, los artistas y los "artistas"), me convierto en una especie de Doctor Jekyll y Mister Hyde y sufro una especie de desdoblamiento de personalidad (no, no se preocupen, no es nada patológico, más bien metafórico). Mi visión de alguien que estudió Derecho me dice que observa cierto cinismo en según qué comentarios, como por ejemplo cuando leo sobre que "los artistas son gente millonaria que cobra demasiado por no hacer nada"; y es curioso, porque debería ser mi alter ego "artista" el que debiera de enfurecerse. Supongo que, en el fondo, tantos años estudiando Derecho, aparte de otras cosas, me han servido para forjar una capacidad más o menos objetiva en según qué análisis.
Antes de todo, tendría que confesar que desde hace ya algún tiempo, vengo cultivando la psicología social gracias a esos comentarios que la gente anónima deja en blogs, periódicos on-line y otro tipo de foros, e incluso chats. Siempre he pensado que es la mejor forma de absorber y empatizar en la forma en la que los demás hilan sus productos mentales. Sería muy largo de explicar pero, como novelista que me considero, me es muy útil a la hora de transcribir diferentes tipos de personalidad a una hoja.
Entrando ya más en profundidad acerca del Gran Tema, y como decía anteriormente, me parecen muy cínicos los comentarios que sugieren que los artistas deberían tener una mínima retribución mínima ya que su labor se considera "poco importante". Cuando leo esto no sé bien si se trata de desconocimiento, de automatismo o de una cara más dura que el marfil. No voy a hacer comparaciones, porque son odiosas, pero por esa regla de tres pocas profesiones deberían cobrar por su trabajo -y no todos sus profesionales-, todo lo demás vendría a ser, hiperbólicamente hablando, una nimiedad. Lo que me gustaría saber es a qué de dedica una persona que llega a hacer un comentario tan poco elaborado. Supongo que tendemos a lo fácil y, en este sentido, lo más fácil es decir eso. No me cabe otra explicación que no requiera de una palabrota, sinceramente.
Que alguien llegue a decir semejante perogrullada me demuestra, una vez más, que el verdadero problema de fondo, y que generalmente se está pasando por alto, es sencillamente que no entendemos bien cuál es la transcendencia del Arte en nuestras cabezas, en nuestra Historia. Y la verdad es que no voy a ser yo quién lo explique, ya que no es a mí a quien le toca. Al menos no esta vez. Desde luego, entender que un artista no suele ser alguien que se dedica a pasearse por una alfombra roja tras apearse de una limusina ya sería un avance.
Sin embargo, cuando leo estas cosas mi alter ego de "artista" resurge y hace que me pregunte: ¿Sabe este mero vasallo -Ramón Muñoz- que escribe este artículo cómo funciona la industria del show-business? ¿Sabe quienes han sido las hienas del mundo del espectáculo? ¿Sabe que desde la aparición del Arte como comercio los artistas han sido utilizados de mil formas distintas con la eterna promesa del "yo te haré rico"? Seguro que no. Pero claro, los Señores de la Música tienen que alzar la voz intentando ensuciar el nombre de Pablo Soto, que bien podría haber sido Pepito Pérez. Y es que algo así, SENCILLAMENTE, tenía que ocurrir. El problema no es que Pablo y otros hayan inventado algo que sirva para que usted y yo intercambiemos archivos, sino que la industria no sabe renovarse. Y eso sí que es un verdadero problema.
Por otro lado, estoy harto de decir que la gente lo que NO quiere es que les amenacen y/o aperciban, sino que les den alternativas que no les machaque el bolsillo (sobre todo a la gente joven que es la que más consume). También estoy harto de decir que cada vez se consume mayor información (aquellos tiempos en que comprábamos un disco y teniamos que escucharlo durante todo el mes ya que no teníamos para más, han cambiado, por si nadie se ha dado cuenta), y que el consumidor estaría dispuesto a pagar un precio equilibrado que le alcanzara para poder consumir algo más. Por tanto, una de las posibles soluciones que aquí se deberían de dar es poder comprar productos musicales a precios más asequibles o equiparar la música al deporte y aprovechar más los directos. Llegado a este punto, me pregunto si un deportista tiene una profesión más importante que un artista... la verdad es que no me importa la respuesta, ya que no habría. O habría tantas como personas.
En resumen, si tan sólo sabéis amenazar, y no educar y ofrecer, es porque no os sale otra cosa de los huevos. Así que: El País, la SGAE, Bautista, el PSOE, aquel profesor de Derecho Constitucional que dijo que el arte no podía ser gratis y los ignorantes que confunden a Ramoncín con Elvis Presley, intentad ir más allá y no quedaros en el "que bien se está aquí", porque la estáis cagando.
Saludos.
P.D.: Ramón, esto no va de forrarse o no. Esto va de que los que generalmente han prostituido el Arte por beneficio propio, ahora patalean porque ven cómo su modelo de negocio monopolístico comienza a hacer aguas. Y de que intenten dar lecciones de moralidad cuando algunos son capaces de infiltrarse en una boda para denunciar una ilegalidad. Confundir ejecutivos del Arte con creadores es un error mayúsculo. Aunque a algun@s creadores ya no les interese alzar la voz.
Edito: parece que las discográficas comienzan a barajar otros modelos... de negocio. A ver qué sale de ahí.