Los jueces (por Manuel Vicent)

Escrito June 11, 2009

De Manuel Vicent, maestro de maestros:

 

        "En general un juez es una persona, hombre o mujer, que recién terminada la licenciatura de Derecho, alrededor de los 22 años, no tiene demasiado claro por donde va a orientar su vida. Piensa que podría hacer oposiciones a notarías o a abogacía del Estado, pero si en ese momento le hubiera tocado el gordo de Navidad con una gran descarda de millones tal vez habría montado un bar o una granja de pollos. Salvo raras excepciones, el recién licenciado se decidió a opositar a judicatura por una razón coyuntural, en cualquier caso muy alejada de la vocación sagrada de enderezar los torcidos senderos del mundo a través de la justicia. Puede que necesitara colocarse a como diera lugar, apremiado por la pareja que quería casarse o trató de complacer a su padre, que también pertenecía a la carrera o simplemente se lo jugó a los chinos con los compañeros de la facultad. De hecho, le parecía más fácil ser juez que notario porque la de juez o fiscal era una oposición que se convocaba todos los años con muchas plazas. Se encerró en casa a cal y canto hasta cebarse con cuatrocientos temas del programa sin enterarse de las pasiones que se cocían en la calle, salvo lo que oía por la ventana, y un buen día soltó como un papagayo ante un tribunal la retahíla de artículos del código que había deglutido y de no ser nadie, sin que el elector lo llamara con su voto, pasó por oposición a formar parte de uno de los tres poderes del Estado, el cual le regaló la potestad de meterle a usted en la cárcel o de llevarlo al patíbulo si hubiera pena de muerte. Nadie del tribunal le preguntó a aquel lejano opositor, que hoy por simple escalafón habrá llegado a lo más alto de la magistratura, si era demócrata, beato, conservador o autoritario, pero es evidente que el Estado tiene desprotegido ese flanco por donde puede colarse con ciertas mañas toda clase de enemigos políticos. Aparte de pertenecer a un estamento corporativo lleno de triquiñuelas jurídicas capaces de trabar la maquinaria del gobierno por pura ideología, aquellos opositores pelanas cuyo cargo es vitalicio, pueden sentar en el banquillo al presidente de la nación, decir la última palabra a la hora de interpretar la Constitución e incluso dar un golpe de Estado. Estamos en sus manos".

 

Supongo que no hace falta decir que muchos de los que aquí retrata el maestro Vicent acaban siendo políticos de tres al cuarto. Luego que nadie se pregunte que mierda de sistema tenemos.

 

Saludos.


 

 

Comments

Hasta hace 8 años, no sabía lo que era un juzgado, y tan sólo había visto a los señores vestidos de grajos, en las películas americanas. Un buen día, como si fueran a decapitarme directamente, me senté en el banquillo del juzgado nº 8 de ... no importa. Estaba muy angustiada, estaba aterrorizada. Se suponía que me senté allí a la espera de ser escuchada, de ser entendida, en busca de ayuda, pero no una ayuda cualquiera, nooo, una ayuda justa, que sólo ese Dios podía impartir.
Pues bien, su primera frase fué: "A ver.... yo no tengo hijos, ni entiendo nada de esto, o sea que vamos a intentar ponernos de acuerdo de forma rápida"... A partir de aquel momento viví petrificada. Esperando saber qué sería de mi vida, tras leer una frase, llamada SENTENCIA, que aquel prepotente llamado juez, se serviría en despacharme de forma rápida y sin ningún miramiento, como el que tacha una serie de X en una quiniela al azar.
Descubrí que los jueces no son Dioses y sólo los Dioses tendrían que presentarse a las oposiciones para juzgar.

Besazos

Hola Adri,

me imagino tu sensación aquel día. Efectivamente, se podría escribir un ensayo acerca de la falta de didáctica a la hora de generar alguien con capacidad objetiva para juzgar. Supongo que, como dice el maestro Vicent, los papagayos no son del todo buenos para ayudar en una de las funciones más importantes del Estado. Eso es justo lo que yo denuncio muchas veces: que el Derecho esté copado de estómagos llenos, pasotismos, enfermos mentales y poca inteligencia emocional.

Supongo que, el Derecho, es una de las carreras en las que la didáctica es aquella anterior al siglo pasado. Digamos que no es justamente una carrera que se adapte a la evolución, más bien se queda estancada debido, entre otras cosas, a la poca psicología existente en ella. Y no deja de ser curioso ya que se supone que el Derecho debería adaptarse al transcurrir de los tiempos.

Muchos besazos!

Gracias por la anécdota, Juanchi.

Saludos.

A mí me pasaba los mismo que a Adriana. Siempre pensé que si no hacía nada malo, nada tenía que temer de la justicia; hasta que te das cuenta de que nada más lejos de la realidad. En el mejor de los casos, los jueces no son infalibles y cometen errores, el problema es que ese error no es el mismo que si tú te pasas la estación de metro, das la vuelta y ya está. Sus errores son mucho más graves, a veces, con terribles consecuencias. ¡Cuántas veces se ha descubierto que un condenado es inocente muchos años después!, y otros tantos que habrá en la cárcel y jamás sabremos de su inocencia. Aunque sólo sea por eso, qué peligrosa es la pena de muerte. Como decía, esto es en el mejor de los casos.
Tuve que asistir a un juicio, de esos "sin importancia" en calidad de testigo y descubrí horrorizada que el juez tenía decidido el veredicto de antemano. En este caso, no era demasiado grave porque ya digo que era una bobada sin importancia y le condenaron a pagar una cantidad ínfima a la parte damnificada(por cierto, era culpable, yo lo sabía, yo lo había visto; pero el juez, no, y ya decidió que lo era por "su aspecto" y "su mala educación"). Y lo terrible es que yo sé lo que pensaba el juez porque lo comentó con unas cuantas personas a la salida del juicio. ¿¡Qué país es éste!? Mejor dicho, qué mundo es éste.
Saludos a todos.

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